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Jean Gentil y el engaño en el cine

Soy Actor: ¿Y ahora que?

Según relata en la entrevista el mismo Jeam Remy, tuvo que abandonar un contrato que tenía en un crucero para hacer la película, le hicieron promesas de que sería famoso, que su vida iba a cambiar, no obstante no fue así, y que aún espera ese gran giro en su vida y que lo contraten para otra película.

Soy Actor: ¿Y ahora que?
Jeam Remy, actor de la película Jean Gentil, desilusionado FE

El quehacer artístico está lleno de mitos, pero en su gran mayoría de realidades. Son pocos los padres que impulsan a sus hijos a ser artistas, y de estos son aún menos los que deciden hacerlo de una manera formal; dígase utilizando el recursos de una academia donde sus hijos neófitos tendrán mentores eruditos que encarrilarán a sus hijos en el camino hacia un quehacer artístico sesudo, creativo, y sobre todo con un basto conocimiento de las líneas clásicas y ortodoxas para luego entrar de plano en la contemporaneidad.

La mayoría de los actuales artistas se forjan mediante los conocimientos empíricos de una manera amateur, siguiendo una estructura ya creada por anteriores artistas autodidactas que mediante el oficio de la hermandad se transmiten los conocimientos entre determinados sectores artísticos y sociales. Los artistas de academia a pesar que están considerados más preparados, son en muchos casos los menos por tener en contra unos padres que asocian arte a miseria y decadencia, y en la mayoría de los casos llegando a considerar las artes como un pasatiempo y no una profesión. Entonces muchos artistas se inician en el arte ya adultos, cuando no están bajo conminaciones familiares, pero por desgracia el arte en su mayoría tiene una limitante de edad para adquirir los conocimientos de mayor preparación, no obstante a pesar de todo, el joven que quiere ser artista decide irse a la carga, ya sea mediante una academia, o de manera empírica.

Refiriéndome exactamente al área del teatro, hay muchos jóvenes que sólo quieren ser actores y no teatristas; como no poseen la ayuda económica de sus padres para el coste de tan “absurda decisión” se lanzan a la única escuela del país que te enseña las artes escénicas sin cobrar un centavo, hablo de la Escuela de Arte Dramático de Bellas Artes. Grande es el deseo una vez se entra a la escuela, y que fructífera es la preparación que se recibe. No obstante que triste resulta a veces salir para ser engañado por las entidades que se supone que deben ofrecerte apoyo. Entonces surge la gran interrogante una vez tienes en tus manos el título que te otorga la entidad: Soy actor ¿Y ahora qué?

Los teatristas en su mayoría son engañados con estafas cuya simiente es poco creíble y descabellada; mal pagados, llegando incluso a cobrar sumas de dinero irrisorias por grandes trabajos que han costado en muchos casos hasta un año de ensayos, incluso cantidades de dinero hasta “ilegales” porque deambulan en la diáspora de lo que el ministerio de trabajo estipula “no actor para pago reglamentario”, pero para paradoja de todo el estado ofrece estas cantidades.

Hago este artículo específicamente por la publicación realizada por Dago Sanchez, en su página personal al actor Jeam Remy, que protagonizó la película Jean Gentil de Laura Guzmán e Isabel Cárdenas; considerada la mejor película dominicana de todos los tiempos, llegando incluso a ganar varios premios internacionales, contando con una espectacular fotografía, un maravilloso guion, y sobre todo una actuación desgarradora del señor Jeam Remy, que pese a no ser actor de profesión y carente de escuela, supo convertir la cámara en su mejor amiga; no obstante, nunca se le pagó un centavo por filmar la película según expresa él mismo en dicha entrevista.

¿Es esto lo que les espera a todos los actores que dediquen años de su vida a la formación artística? ¿Terminar una carrera de arte en una escuela de formación para luego irse a todos los castings de la prensa junto con los no actores, para en el caso de ser seleccionados ser estafados? Es cierto que el señor Jeam Remy expresó que no tiene ningún tipo de formación actoral, no obstante está incluido dentro del gremio por ser el protagonista de una de las mejores películas del país.

Según relata en la entrevista el mismo Jeam Remy, tuvo que abandonar un contrato que tenía en un crucero para hacer la película, le hicieron promesas de que sería famoso, que su vida iba a cambiar, no obstante no fue así, y que aún espera ese gran giro en su vida y que lo contraten para otra película. También comentó que nunca recibió un pago oficial, apenas un viático para las comidas, al igual que no cubrieron unos pagos que debieron realizarle producto del trabajo que tuvo que abandonar para la filmación.

Esta información aún no ha sido corroborada por la productora del largometraje, no obstante hay que destacar que nuestro hermano actor de origen haitiano Jeam Remy pecó de ingenuo, al atreverse a filmar una película sin firmar un contrato como él mismo expresó, al igual que tampoco puede denunciar a la casa productora  por la no existencia del susodicho documento con carácter legal que todo actor debe firmar antes de prestar su talento para cualquier producto; una frase de Jean Remy, es la típica frase de aquellos que son engañados: “ No firmé contrato porque creí en sus palabras”.

Es de suponer que los actores que han pasado por una travesía como esta tiene ahora un incesante eco en la cabeza condenado a repetir la frase que algunos padres le dicen a sus hijos: Ser actor no es una profesión, morirás de hambre, estudia otra cosa y toma la actuación como pasatiempo, primero has dinero y luego has arte porque no tendrás ni para comer. ¿Entonces esos mitos de nuestros padres son ciertos, o aún tenemos la suficiente valentía como para levantar la cabeza, mirar a nuestros padres a la cara y decirles: Soy artista, y esta es mi profesión; mientras luego le pedimos dinero para el transporte de vuelta a casa?

El caso de Jean Gentil, ha salido a la luz pública, como uno de los pocos casos de los tantos que constantemente pasan a diario en nuestro país. Por eso, todo actor que se respete debe de tener un contrato, así no sea firmado por un abogado, pero al menos escrito a puño y letra por quien contrata en el cual exprese la cantidad a pagar por los días contratados. Sólo cuando eso ocurra, y los actores le den mas valor a su trabajo poniendo de por medio el pago por servicios prestados la actuación será tomada más en serio y será mejor remunerada; sólo cuando eso ocurra  el mito que el actor muere de hambre, será realmente un mito, mientras tanto, seguirá siendo una realidad; sólo cuando eso ocurra, dejaremos de decir: Soy actor, ¿Y ahora qué?

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